Prince of Tides - Fox.
MAN WONDERS BUT GOD DECIDES WHEN TO KILL THE PRINCE OF TIDES.- Pat Conroy.
RAINHOLD WEISSWOLF
RAINHOLD WEISSWOLF
La lluvia es nueva y atemporal en mi ventana esta noche.
Hace unas horas miré el cielo abrirse sobre mí, nuevo y espacioso, tras tanto tiempo bajo tierra. Estaba ciego, el aroma de la tierra aún en mi pelo, pero al dar los primeros pasos bajo el cielo oscura el agua que caía bendita el cielo me pareció tibia como lágrimas, limpiándome, trazando hilos blancos en mi cuerpo oscuro de barro. Alcé los brazos, y la lluvia me bañó con ferocidad, pero toda la furia del cielo no hizo nada más que acariciarme, hasta que pude abrir los ojos, deshechos los terrones en mis pestañas.
Pensé que dormiría mucho más. Tras esos días de sangre y lágrimas me acosté, esperando dormir lo suficiente para que el dolor se apagase y los recuerdos se convirtieran en cenizas: pero me han llamado, demasiado pronto, y las lágrimas de sangre deshaciéndose rosadas en la lluvia son abundantes como la noche que la vi morir en mis brazos.
No estoy solo. El hombre que me ha llamado está observándome en la puerta, una taza de té en sus manos, su vieja casaca de tweed auroleándolo a la luz de la cocina, la única luz que baña el discreto subterráneo. Envuelto una manta, desnudo y empapado aún, lo observo con algo de odio, algo de ira, mucho de ternura: Alan no dice nada, aunque tiene las elegantes manos de profesor vendadas, su rostro sereno.
Su anillo de oro brilla a la luz de la lámpara, junto con algo más en su mano. Da unos pasos, y dejando la tacita en una mesa, le alarga una cadenita de oro con una pequeña cruz.
- Te la guardé estos años.- dice suavemente.- Quieres beber algo, Rain? Puedes hablar ya?-
- Debería partirte el cuello. Qué año es?-
- Daniel tiene diecisiete. Y te necesita.- dice despacio, sentándose frente a mí en una gastada mecedora, tomando de una cajita con mucho cuidado unos anteojos y colocándoselos. Si Daniel cumplió diecisiete, eso hace que Alan Scott tenga cuarenta.
Y aparenta veinticinco,
Tomo lo que tengo más a mano, que resulta ser un ídolo egipcio de bronce, y se lo tiro por la cabeza.
- Miserable bastardo! Te has estado alimentando de mí!!- le ladro, aún mientras él esquiva mi lanzamiento y luego se pone a cubierto.- Sabía que no te habías ofrecido a cuidarme por la bondad de tu corazón, ladrón de cadáveres!!!-
Alan se endereza, su cabello rubio despeinado de su corte de profesor, de rodillas atrás del sofá.- Rain… no te enojes. Estuve gravemente enfermo hace diez años, y si me moría, pues seguías enterrado hasta el juicio final…-
- Te dije que quería dormir un siglo, que me sacaran tus hijos… o tus nietos… o nunca!! Maldito seas, voy a tener que pasar por el ritual otra vez!- le grito, antes de cubrirme los ojos, que me arden, con las palmas.- Debería matarte…-
- Mira, respecto a hijos, todavía ni tengo una cita decente… y te saqué porque Daniel necesita ayuda, Rain. Si matan al único hijo de Melissa y no estás ahí para ayudarlo… bueno, supuse que me matarías cuando al fin despertaras…-
- Ya ibas a estar fiambre.-
- No pensé en eso.-
- Y Daniel no tiene a las viejas Takagi para que lo cuiden?- gruño.- No creo que me necesite…-
- Daniel está en posesión del Orbe du Soleil.-
- Viejas enfermas! Tiene diecisiete años, es un niñito aún!!- me recuesto en el sofá, incrédulo.- Dios mío, para eso le pintan un blanco en la cabeza, todos los putos vampiros del mundo deben estar tras su cuello!-
- Eso mismo.- Alan suspira. A pesar de su aspecto, tiene los manierismos de un viejo.
Me quedo tendido de espaldas en el sofá, mirando el techo, que me es familiar. En este mismo sofá pasé una noche con Melissa dormida en mis brazos: en esta misma habitación una vez Alan, Sybill, Melissa, Carter y yo reímos toda una noche, mientras nevaba afuera, oyendo una y otra vez The Dark Side Of the Moon. Y cuando al fin nos cansamos, Sybill cantó una canción lenta y triste en la guitarra, y con Melissa dormida en mi hombro, la besé por primera vez.
Era loco, era imposible, era un infierno, y ahora al mirar el techo tengo que cerrar los ojos porque la sangre los inunda espesa como miel y no puedo perder sangre, tan débil como estoy. Me aprieto los ojos con el brazo, pero se me escapa un sollozo ronco, y trato de callarme con el otro brazo, aunque sé que no podré controlarme.
Alan se arrodilla junto a mí y me acaricia la cabeza. Gimo, y un momento luego estoy aferrado a su pecho, mi voz agudizada mientras sollozo una vez más, exactamente como me dormí en sus brazos hace diecisiete años, inundado de lágrimas, sus brazos la única cosa real en el mundo. Sus dedos peinan torpemente mi pelo largo y enredado, y siento el calor de sus labios en mis sienes, la suavidad de su piel al quitarme los brazos de la cara y apretarme contra su cuerpo. Se convierte en una envoltura de carne al abrirse la camisa almidonada y dejarme ahogar mis gritos contra su corazón, porque para mí Melissa murió ayer, y Carter se fue hoy: y su corazón me golpea la cara, acelerado, y aunque la histeria agudiza mis manos a garras y mis dientes a cuchillos, no me suelta, ni siquiera cuando le hago daño.
- Bebe. Lo necesitas. Bebe, Rainhold.-
- No… no quiero lastimarte…-
- Estoy bien. Bebe… por favor.- me susurra, y una de sus lágrimas cristalinas me cae en la boca. Pego mis labios al costado de su pezón, y clavo los dientes sin delicadeza, la sangre llenándole la boca en oleadas dulces e intensas que hacen que mi cuerpo se afloje y se estremezca de placer.
Rodeándome la cabeza con el brazo, sosteniéndome contra su pectoral como una madre a su hijo, Alan me sostiene aunque bebo peligrosamente cerca del núcleo de su vida. Bebo y bebo con la boca llena, y lo oigo gemir en placer y dolor, meciéndose contra mi cuerpo, su carne caliente contra la mía que se entibia. Bebo sin detenerme, mis brazos aferrándolo, mi lengua masajeando su carne con ansiedad mientras mi cuerpo empieza a retorcerse en el éxtasis: pero oigo sus gemidos hacerse gritos de dolor cuando mi gula lo hace traspasar los umbrales y asomarse a la agonía.
Y a pesar de su dolor, me cuesta tres segundos, tres succiones golosas, reunir la fuerza de voluntad para detenerme: tres gritos de dolor torturador de su garganta, aún cuando sus brazos aún me sostienen, sin apartarme. Han pasado diecisiete años, y Alan aún…
- Estás bien?- susurro, lamiendo la herida para cerrarla, aún mientras su pecho sube y baja frenético bajo mi mejilla, su corazón vibrando, los músculos de su cuello contrayéndose, la cabeza echada atrás, una mano en los ojos. Él asiente, y luego me mira a los ojos, los suyos cargados de lágrimas de dolor, creando que ilusión que el avellana en ellos es verde, azul y amarillo como cristales de iglesia.- Alan…-
- Estoy bien.- susurra con voz ronca, antes de tomarme la cara y besarme la frente, lenta, intensamente.- Te extrañé todos estos años…-
Me muerdo el labio. Mientras Melissa estaba muerta, Carter con su amada, Sybil con los suyos y yo dormía, Alan se quedó solo. El más joven de nosotros, el más inocente, todos estos años… diecisiete años para él es un quinto de su vida, aunque para mía no haya sido más que un sueño.
Su sangre tenía gusto a soledad…
- No debí dejarte solo. Pensé que te buscarías una vida, después de nosotros…- le susurro. Él mueve la cabeza, y sus ojos son tristes al mirarme, tristes e intensos, mientras desliza el pulgar por mi labio inferior.
- Ya tuve una vida. Para qué quiero otra?- dice despacio.- Sólo esperaba… y te desenterraba veces para bañarte, cortarte las uñas y el pelo.. no quería que despertaras y parecieras un nosferatu.-
- No tenías que hacer eso!-
- Está bien, así no pasaba navidad y año nuevo tan solo.-
- Alan…- susurro con pena, moviendo la cabeza. – Y Sybil, no venía a verte?-
- No la he visto en quince años…- me dice, echando la cabeza atrás en el sillón, el cabello claro y tan liso resbalando atrás, de la frente a la nuca, en guedejas un poco largas.- La verdad, estos años di unas clases, te cuidé, me comí una papa, y eso sería todo.-
- Cómo se llamaba la papa?-
- Tarado.-
- Ahora deberías comerte una papa. Bebí demasiado.- dijo con culpabilidad, relamiéndome los labios. Tengo las manos tibias por su regalo: cuando me levanto, el piso ya no se mueve, y me siento… mucho mejor.
- Vale la pena. Tienes… - Alan me mira entornando los ojos.- … mucho mejor aspecto.-
Muevo la cabeza, un poco incómodo por la intensidad de su mirada, antes de dejarlo allí en el living y meterme en su habitación, para empezar a rebuscar en su closet.- Dónde está mi ropa, Alan?-
- No pretenderás ponerte camisas con solapas de lycra… - su risa me llega muy baja desde la sala.- Hay unos jeans negros que me compré hace un año y no he usado, ni les he doblado las perneras, son largos… y hay un sweater rojo grueso que me queda estrecho. Póntelos.-
- Mmm, mmm.- murmuro, tomando unos calcetines con pequeñas raquetas de tenis estampadas.- Y mi casaca de cuero?-
- En la bolsa de esmoquin. Y le hice sacar hongos dos veces!-
Es agradable vestirme de nuevo: le robo unas botas bajas de cuero oscuro que deben de quedarle pequeñas, porque me calzan bien. Cuando estoy abrochándolas sus pies con zapatillas de levantarse entran en mi rango de visión, y algo frío cae en mi cuello.
Es una cadenita de oro que ha tomado del suyo propio.
- Toma. La guardé para ti todos estos años.-
- Alan…- susurro, conmovido. De los finos eslabones pende un diminuto dije: un sol y una luna unidos, sus rostros en un beso, el diseño anticuado y gastado. Cuando me levanta el pelo para abrochármelo, inspira un momento, y al dejarlo descansar en el hueco entre mis clavículas apoya la frente en mi nuca, respirando hondo.
- Aún funcionará?-
- Lo testeé en una violeta africana. Se echó a dormir cuando se la puse, así que aún funciona como un bloqueador solar factor mil quinientos.- su sonrisa es cálida contra mi hombro. Inspira, y por un momento creo que va a llorar, pero se controla.
- De veras te preocupa Daniel?- le pregunto, sin volverme.- Tú no amabas a Melissa como yo… no pensé que te preocupara así su hijo, considerando que...-
- Sólo le sigo la pista por ti.-
- Ya.-
- Además, como sea, seguro que las viejas de la familia lo tienen más cuidado que un chanchito… futuro jefe de la familia y todo eso.-
- Se parece a Melissa.-
- Mucho?-
- Sí.-
- Fuck.-
- Eso.-
- Entonces, no se quedará quieto, no?-
- No.- Alan emite una risita, a pesar de que se le ha quebrado la voz.- Abrió una oficina para la investigación paranormal. De hecho, está buscando recepcionista.-
- Me estás jodiendo…- murmuro, antes de al fin soltar la risa. Alan ríe sin soltarme, y pasa un largo rato antes de que me suelte, con un bostezo.
- Vete a dormir.- le digo con suavidad, empujándolo a la cama.- Mañana no tienes clases?-
- Duerme conmigo.- susurra, agarrando mi manga.
- No me saques la ropa, acabo de ponérmela.-
- Quédate conmigo, por favor.-
- Alan…- muevo la cabeza.- me quedaré acá en la silla mientras te duermes. Pero te saqué mucha sangre, y si encima duermo a tu lado robaré tu calor. –
- No me importa.- protesta Alan, quitándose la camisa y sacando su muy formal pijama de algodón gris.
- A mí me importa que te de una bradicardia y te mueras.- le digo suavemente.- Duérmete… yo estaré aquí.-
Alan no dice nada más mientras se somete a su rutina nocturna. Yo lo sigo, como un obediente imitador: me lavo a su lado, me cepillo los dientes tras él, me peino mientras él se pone el pijama, apago las luces y cierro las puertas del pequeño apartamento en su semi subterráneo.
Cuando apaga la pequeña lámpara en su velador, nos quedamos a oscuras, y él se acuesta en silencio, su cuerpo un bulto pequeño entre las mantas. Creo que no hace mucho frío, pero él tiembla unos momentos, y aunque se queda muy quieto, pasan varias horas antes de que se duerma.
Yo me recuesto en su silla, apoyando un codo en el escritorio, y lo miro dormir, abandonado como el niño que era, y que es, porque hay una pureza en Alan que nada, ni mis colmillos, ni la memoria de Carter, ni inteligencia de Sybil o la fuerza de Melissa podían tocar. Alan caminaba entre sueños y sus ojos proféticos siempre nos han mirado como lo que realmente somos; los seres inhumanos, las leyendas.
En qué sueños camina esta noche, lejos de mí aunque yo cuide su cuerpo como él ha cuidado el mío tantos años? Acaso sueña con Daniel, podrá sentir el poder de ese niño de sombras y luna solo en ese nido de arañas viejas?
Con cuidado para no despertarlo, me acomodo para leer un periódico a la luz de la luna. Y velo su seño hasta que llega la mañana y el sol, rebotando inofensivo en mi brazo, me dice que el viejo amuleto de Melissa para mí aún funciona. Las ventajas de ser un vampiro amado una vez por una druida…
